La Danza de los Viejitos

Foto: Daniela Aguilar

Foto: Daniela Aguilar

Morelia, Mich.- Uno de los bailes más representativos de México a nivel internacional es sin duda la danza de los viejitos, en la que entre pasos chuscos se representa un antiguo ritual purépecha que además de enseñar también divierte a quienes se detienen a observar.

Este baile tiene su origen en la época prehispánica, cuando los chamanes se reunían a realizar rituales que les beneficiaran con lluvia, buenas cosechas e incluso por la salud de algún miembro del pueblo.

Para realizar el baile será necesario que haya cuatro hombres con la vestimenta típica de la región, que consta de pantalón y camisa de manta, un zarape colorido a la espalda, además de un sombrero de paja y cintas de colores. Llevan en la cabeza una peluca hecha con fibra de zacate y una máscara con la cara de un anciano sonriente; sus zapatos son sandalias con suela de madera que permite que el zapateado suene mucho más fuerte. Es necesario que sean cuatro porque representan a las 4 estaciones del año así como a los 4 puntos cardinales.

Su Historia.
Es curioso que muchas de las personas que buscan disfrutar de la danza de los viejitos creen que es originaria de Pátzcuaro; sin embargo, no es del todo cierto y si continúas leyendo te darás cuenta del por qué. Y es que sus antecedentes se remontan a la época prehispánica; se le relaciona con los bailes que formaban parte del ritual en honor al dios viejo o dios del fuego . Esta danza es originaria del pueblo de Jarácuaro, localizado en la zona del lago de Pátzcuaro, cercano a otros puntos turísticos como la isla de Janitzio. Es más, se dice que originalmente este baile surgió en Santa Fe de la Laguna, pero después los que la iniciaron se fueron a Jarácuaro, volviéndose representativo de ahí. Otra de las versiones indica que era una mofa hacia los españoles, porque los indígenas los veían como hombres muy chapeados y rubios, por eso el traje y la caracterización. A pesar que se especula sobre su origen, lo cierto es que sus raíces sí son purépechas, cultura que era dominante de lo que ahora conocemos como Michoacán. Eso sí, la versión más real es que la danza de los viejitos es la parte más cercana a lo prehispánico. El dios principal de los purépechas es Curicaveri, el cual es el dios viejo del fuego. Esto quiere decir que la danza de los viejitos es un homenaje a este dios porque justamente era un dios viejo y los viejos eran consideradas personas de alto rango, de conocimiento y sabiduría.

Lo más interesante es que ningún otro baile típico mexicano le hace el homenaje que esta danza les hace a las personas de la tercera edad. Es un recordatorio de que se debe vivir con alegría, sin importar la edad que se tenga.
En la meseta y en la región lacustre, existe una gran riqueza en variedad y antigüedad, así como espectaculares, algunas y de un colorido sin igual; de entre todas las danzas sobre sale una, la más antigua, así como la mas reconocida, tanto local, como nacional e internacionalmente, pues esta danza que es la de los viejitos, le ha dado la vuelta al mundo, en todo el mundo es conocida y admirada así como apreciada.

Antes de que el ser humano desarrollara un lenguaje, la danza fue una de las formas de comunicación e identificación, tanto para otros grupos o clanes, así como con los Dioses y los elementos de la naturaleza tangibles, pero temibles e inteligibles y danzando ciertos chamanes, entraban en trance y en comunicación con fuerzas sobrenaturales y lograban un objetivo, como sanar a un enfermo, conocer el pasado y el futuro, la danza era exclusividad de quien por naturaleza tenía ciertas dotes, que no tenían otros, pero dada su aceptación y espectacularidad, se fue haciendo popular como popular se hace hoy en día cualquier baile o ritmo. La original danza de los viejitos tiene su origen en tiempos inmemorables, en el Sur del Continente Americano, en la región de los andes desde donde se cree, emigraron los p’urhépecha, actualmente los Quechuas y los Aimaráes, danzan para lograr la lluvia y para lograr las cosechas, así como para sanar un enfermo, danzan cuatro chamanes.

Su Significado.
Cuatro son los componentes de la danza de los viejitos, pues cuatro son las estaciones del año, cuatro son los rumbos del Universo (Norte, Sur, Este y Oeste), cuatro son los lados de una casa, cuatro son las extremidades del ser humano y cuatro son los elementos que conforman el cosmos tierra, fuego, aire y agua, así como también cuatro son los colores básicos, negro, rojo, amarillo y azul, que combinados uno con otro nos dan toda la gama de colores que existen, y cuatro son las estrellas de la constelación que guiaban a los marinos en la antigüedad y que, equivalen a los cuatro planetas conocidos como estrellas que se observaban a simple vista, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno y cuatro son los colores del maíz, rojo, azul, blanco y amarillo.
La danza tiene un origen y sentido completamente ritual y religioso, pues se llevaba a cabo, cada cambio de estación, es decir cada solsticio y cada equinoccio y se ejecutaba en honor del dios viejo tata huriata y siempre eran cuatro los danzantes, originalmente uno de los danzantes era representado por una máscara de niño o joven, pues era la estación naciente, y las otras tres estaciones eran representadas con máscaras de viejos, que correspondían a las otras tres estaciones ya pasadas y si se fijan bien, cuando se ejecutan bien se enlazan los cuatro danzantes, el primero le pone mucha, pero mucha energía a su danza y en contraparte el último de la fila aparenta que ya no puede, que esta dando las últimas y ello corresponde a la estación entrante y a la saliente.

En la altiplanicie mexicana, le entraban a los pachacua chari (hongos alucinógenos), con los cuales entraban en trance y podían danzar hasta cuatro horas y en ese trance podían vislumbrar lo bueno y lo malo que tenía la estación entrante, era una danza sagrada, como las de tantos otros pueblos, pero al llegar los gachupines a estas tierras michoacanas, implantaron a sangre y fuego su religión cristiana, la danza quedó proscrita y sólo se ejecutaba a escondidas de los religiosos y de los gobernantes. Sólo los guardianes de la cultura Purhépecha los petámutis (brujos chamanes) que conservaban la sabiduría de generación en generación y en los pueblos más apartados y de difícil acceso, pudieron conservar esta rica tradición y sabiduría, pues además, eran ellos los que sabían el secreto de curar con hierbas y raíces, las enfermedades de la gente más pobre y olvidada de nuestros pueblos.

La Tradición.
Llegó el tiempo que nuestros p’etámutis o chamanes, difícilmente podían encontrarse los cuatro para ejecutar la danza y para preservarla, enseñaron la danza a jóvenes que pudieran aguantar el ritmo y esfuerzo de la misma y aunque inicialmente sólo era acompañada con un teponaxtle (tambor), y una chirimía (flauta de carrizo o barro) al perder el sentido místico y ritual, se le fueron agregando músicos e instrumentos, así como danzantes.

En la meseta y en los pueblos como Patamban, Charapan y Zacán, la danza era ejecutada sólo por purhépechas con posibilidades económicas y que estuvieran allegados al consejo ciudadano de cada pueblo, que invariablemente estaban ligados al cura del pueblo, pues desde Cortés, hasta la reforma de 1860 y hasta la fecha, los curas tenían un gran peso en todos los pueblos de la meseta, donde la ignorancia y la baja, o nula preparación intelectual de sus gentes, era y es evidente.
En Patamban, sucedió que en la época de la reforma, los mestizos se apoderaron de la danza y le implementaron unos atavíos distintos, tales como listones de seda china, camisas de la misma, máscaras con rasgos hispanos, y hasta de imágenes sacras (católicas por supuesto), trajes de charro y camisas vaqueras, todo lo elegante y exótico tenía cabida en este festejo, que fue ubicado en el calendario religioso en la época del carnaval, así duró todo el siglo pasado esta danza, que dejo de ser ritual y de trance, y se fue incrementando el número de participantes. Aún así, con todas esas reformas, la danza seguía siendo elitista, pues el ajuar era caro ya que los calzones de manta labrados eran costosos y las camisas de seda más y pagar al grupo musical que les tocaba los sones, era todavía mas caro, ya que se contrataban por lo menos tres días y a veces toda la semana; además de que, como eran unos viejitos muy elegantes, el último día arreglaban la plaza con papel picado, la mandaban barrer, para que estuviera bien limpia y al atardecer del último día, quemaban un torito de luces artificiales y regalaban a todos los niños y principalmente a sus novias, las arrobas (dulces, buñuelos, panecillos en miniatura, pinole, charamuscas, garapiñados, etc.).
Todo esto tenía un costo alto, por eso era elitista, pues sólo los mas riquillos del pueblo podían hacer estos gastos y por lo mismo, se fue incrementado más y más el número de participantes, pues mientras más elementos fueran, más barato les salía, ya que para entonces se pagaba una música, ya fuera local o traída de Zirahuen, de Quinceo, Huancito o de donde fuera, no importaba el costo, pues es sabido que el p’urhépecha para lo que mas colabora es para las fiestas.

Pero no contaban con la astucia y desenfado de los auténticos P’urhépecha que vieron cómo los mestizos les arrebataron su danza y entonces a principio del siglo XX, en la revolución, idearon la forma de divertirse a como diera lugar, pues era su danza y su costumbre, divertirse en carnaval. Fue así como de repente y al no tener para comprarse un ajuar, se comenzaron a disfrazar con lo que tenían a la mano, una sábana vieja, un gabán, una cobijita, o un sombrero todo desecho viejo y mugroso y se autonombraron viejos cherekis (que significa mal vestido) y al no tener para pagar una música, bailaban unos metros distantes de los viejitos elegantes o elitistas, con las consabidas molestias de los que pagaban la música y estaban mejor organizados.

Finalmente los cherekis, también se organizaron y aunque con muchos trabajos, también contrataron su propia música con base en puras coperachas y desde un tiempo atrás, juntaban dinero, pero ya no cambiaron ni mejoraron su vestimenta, mas bien cada día la desmejoraron más y andaban lo más feo posible, pues era una burla a la danza de los viejos ricos o mestizos, pero entre otras cosas, les traía remembranzas de burla a los gachupines, al usar estos, máscaras con rasgos hispanos.

El último día, el de las arrobas, los viejos bonitos entregaban sus arrobas ya mencionadas atrás y los cherekis también daban sus arrobas, pero estas contenían unas sorpresas muy desagradables, pues sus regalos eran tales como, caca de borrego bañada en piloncillo, simulando ponteduros, (dulce regional hecho de maíz tostado cubierto de piloncillo) ceniza en lugar de pinole, piñatas llenas de caparis (abejorros), avispas en lugar de dulces, y en lugar de torito con luces pirotécnicas, ellos incendiaban un castillo hecho de tabardillo y zacate seco, con esto culminaba la fiesta y la danza, y hasta el próximo año.

La danza y los viejitos.
En resumen, se trata de un grupo de bailarines vestidos con un traje típico de campesinos, con una máscara que representa a un hombre viejo, sandalias, un sombrero con listones de colores que cuelgan sobre la cabeza y un bastón, que ocupa un papel importante dentro del baile, pues con él se hacen las “coleadas”, es decir que todos se agarran del bastón del compañero de enfrente y corren de un lado a otro sin soltarse.

El baile es una verdadera representación teatral, pues se comienza sin música y con movimientos típicos de una persona adulta: posturas encorvadas, pasos tambaleantes, achaques y temblor en todo el cuerpo; sin embargo, cuando la música comienza a sonar, los movimientos se transforman en zapateados y coleadas llenas de energía y vigor.

El baile se compone de varios bloques, entre los cuales los bailarines vuelven a actuar como viejos, e incluso intentan reanimar a alguno de sus compañeros “cansados” y “accidentados”, provocando la risa del público. Posteriormente cada uno de los integrantes del baile tiene oportunidad de hacer un solo frente al público, mientras el resto espera su turno.

Durante el baile los “viejitos” hacen alarde de sus muchos años mediante espasmos, caídas y caminando de manera encorvada, aunque también muestran una gran energía zapateando y corriendo en fila india tomados del bastón, todo al ritmo de la música de violines y guitarras.

La Danza de los Viejitos es actualmente reconocida a nivel internacional por su colorido y simbolismo, además de por su expresividad escénica, y se ha convertido en un símbolo de identidad para los pueblos de la zona lacustre de Michoacán, si no la conoces, te invitamos a disfrutar de este pedacito cultural de nuestro Estado.

Fuente: Vía Michoacán