El Palacio de Gobierno de Morelia, antes Seminario Tridentino.

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Las bonazas atisbadas por la producción económica del vasto territorio que comprendía el obispado de Michoacán en los actuales estados de Guanajuato, Colima, San Luis Potosí y parte de Jalisco, Guerrero y Tamaulipas, hicieron posible que durante el siglo XVIII se construyeran magníficas y monumentales obras arquitectónicas, dignificando con ello el asentamiento urbano ubicado en la extensión longitudinal del Valle de Guayangareo, que por sus virtudes orográficas el mismo Virrey Antonio de Mendoza designó para convertirlo en la cabecera del Obispado. La conversión del Valle a la distinguida ciudad de Valladolid no fue cosa sencilla sino una proeza, sin embargo para la centuria dieciochesca, Valladolid figuraba entre las ciudades más connotadas de la Nueva España, incluso el patrimonio conservado de esta época es motivo de admiración por quienes la transitan en la actualidad, repasando su mirada y recreando el ambiente colonial emanado por los vestigios de los enclaves religiosos que han de rematar algunas de sus calles que alineadas cual tablero de ajedrez confluyen hacia la Catedral la cual se alza vertiginosamente desde su punto estratégico al centro del tejido urbano, orientada de norte a sur y custodiada por sus plazas, demostrando con ello la importancia y la representatividad de la consciencia religiosa del Barroco novohispano.

A principios del dieciocho, la ciudad contaba ya con una serie de instituciones educativas importantes pero aún faltaba la creación de un Seminario para la formación de clérigos seculares dependientes del Obispo. Esta problemática se había tornado un tanto áspera, ya que desde el año de 1671 cuando el Rey Carlos II de España dio a conocer la Real Cédula en la cual se ordenaba la erección de un Seminario Tridentino en Valladolid, sin embargo el Cabildo Eclesiástico se oponía a esta ordenanza por considerar que las instituciones y casas de estudio existentes eran suficientes para formar a los futuros sacerdotes, pero estos no estarían directamente bajo la atención del Obispo y sus necesidades seculares, sino bajo el control de las Ordenes Regulares quienes administraban las casas de estudio y el plantel nicolaita no permitiría sujetarse a las autoridades de la diócesis, estas discusiones fueron la razón por la cual se había retrasado la fundación del Seminario en la ciudad de Valladolid.

Tras varios intentos por levantar tan significante obra, ésta se vio materializada bajo la instrucción de Pedro Anselmo Sánchez de Tagle quien fijó la primera piedra del inmueble en el año de 1761, ubicándola en el solar justo enfrente de la iglesia Catedral siendo el Arquitecto Tomás Huerta quien se encargó de proyectar el edificio concluido nueve años más tarde. Éste fue inaugurando con una fiesta solemne el 29 de Septiembre de 1770 como el “Seminario Tridentino de San Pedro” y a partir de este momento se constituyó como un privilegiado y destacado centro de formación educativa el cual llenó el hueco dejado por los Jesuitas tras su expulsión. Entre sus muros se gestaron las ideas independentistas, por las cuales el Seminario se vio clausurado en el año de 1811 para reabrir sus puertas al año de 1819.

Hacia el año de 1854 se abrió otro capítulo, la revolución de Ayutla cedió el poder político a los liberales quienes emprendieron una serie de medidas anticlericales que en conjunto con las pugnas libradas con el grupo ideológico antagónico denominados conservadores desataron lo que ha de llamarse “Guerra de Reforma”. Contexto en el cual, el General Epitacio Huerta asumía el cargo de Gobernador de Michoacán. Huerta no veía con buenos ojos las ideas conservadoras gestadas al interior del Seminario Tridentino y ante una serie de acciones realizadas por los seminaristas el liberal radical tomó control del inmueble expulsando a sus habitantes y con ello extinguiendo la función que realizaba hasta esos años. Una vez libre de ocupación, el edificio fue valorado por el Ingeniero Guillermo Wodon de Sorinne con la intención de albergar las oficinas gubernamentales, hecho que sucedió hasta el año de 1867, una vez concluido el breve periodo del segundo imperio y habiéndose restaurado el gobierno republicano.

Con más de 245 años el inmueble que aloja la titularidad del ejecutivo estatal de Michoacán, se manifiesta monumental en la visión arquitectónica del lenguaje Barroco con la particularidad y elegancia que reside en la sobriedad de sus elementos decorativos de su fachada principal, la cual se distingue por la manera simétrica de distribución longitudinal rompiendo la horizontalidad asentada debido a la serie rítmica de pináculos que rematan las pilastras que dividen las secciones en donde se abren las ventanas en el primer nivel mismas que se ven reflejadas en los balcones del nivel superior, ambos cuerpos son divididos por una cornisa que hace distinción entre estos.

La sección central de la fachada que mira al sur destaca por el imafronte mixtilíneo, que desde lo alto luce en relieve el escudo nacional así como una replica de la campana de Dolores la cual es utilizada en la ceremonia cívica del 15 de Septiembre. La cornisa superior es compuesta por una cenefa dentada la cual es interrumpida únicamente por las gárgolas salientes dispuestas en concordancia con la proyección vertical de las pilastras. En los extremos del Palacio se advierten los gruesos contrafuertes que son rematados por los torreones observatorios añadidos a principio del siglo XX. La atmósfera palaciega del inmueble es retribuida por el dinamismo que se evidencia en el juego de contrastes naturales que deja el paso de la luz cuando el claroscuro es revelado, evidenciando así la unidad proporcional y la concepción estilística de la belleza arquitectónica expresada en la grandilocuencia y armonía del Barroco tablerado en la antigua Valladolid que a partir de 1828 a la fecha es nombrada Morelia, ciudad reconocida como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” (1991).

Escribe. L.H.A Carlos Adolfo García Solís.

Para más información:

Figueroa Zamudio, Silvia. (1995). Morelia, patrimonio cultural de la humanidad, México, Gobierno del Estado, Universidad michoacana, Ayuntamiento de Morelia.

González Galván, Manuel, (2002). Glosario de términos arquitectónicos, México, Comisión de Planeación del Fondo Regional de la Zona Centro.

Guzmán Pérez, Moisés. Arquitectos, patrones y obras materiales en Valladolid de Michoacán. Siglos XVI – XVII, Tempus revista de historia de la Facultad de Filosofía, Num. 2, Universidad Autónoma de México, México, invierno de 1993 – 1994. pp 55 – 81.

Morales García, Rogelio, (1989). Crónica de un Palacio, Morelia Mich. Ediciones Atlas S.A.

Ramírez Romero, Esperanza (1981). Catalogo de construcciones artísticas, civiles y religiosas de Morelia. Morelia Mich. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.