La Danza de Los Viejitos

Foto: Daniela Aguilar

Foto: Daniela Aguilar

Los hombres más ancianos del pueblo bailaban con sus bastones como una ofrenda al Dios Sol o Dios Viejo, que en la región de Michoacán se llama Tata Jurhiata. Justo del sol que quemaba sus caras, los viejitos recibían el vigor requerido para seguir con sus actividades terrenales.

Eran cuatro los danzantes. Cuatro, como los rumbos del universo, los lados de una casa y las extremidades del ser humano. Cuatro como los elementos de la tierra y los colores del maíz: rojo, azul, blanco y amarillo. Cuatro como las estaciones que celebran los purépecha.

Esta danza sagrada, ahora llamada Danza de los Viejitos, se ejecutaba cada cambio de estación; también era dedicada al dios Viejo, al dios del Fuego y al dios del Año. Sólo los chamanes, llamados petámutis, los más sabios y por lo tanto los más ancianos, podían ejecutar la danza. Uno usaba una máscara de niño, representando la estación naciente, y los otros tres, máscaras de viejos, para recordar las estaciones ya pasadas.

Cuando los españoles llegaron a la región en 1530, la original danza de los viejitos fue prohibida. Los chamanes la enseñaron a escondidas a jóvenes que pudieran aguantar el ritmo, marcado con el tambor y la flauta. La danza de los viejitos perdió su sentido místico y ritual, y se transformó poco a poco en algo distinto gracias al contacto de los instrumentos y cultura del Viejo Mundo.

Con el tiempo, La danza de los viejitos, que lleva el nombre de T’arche Uarakua, se volvió una caricatura del colón español, que envejecía más rápido que el indígena y era más achacoso en sus andares. La danza se terminó por mestizarse con la cultura dominante.

La indumentaria consiste en una máscara hecha de madera o pasta de caña que representa el rostro de ancianos sonrientes; una cabellera falsa hecha con fibra de zacate, un sombrero adornado de listones multicolores, y un bastón. El traje está compuesto de un pantalón y una camisa de manta blanca cubierta por un colorido sarape o jorongo. Por último, huaraches con suela de madera, que permiten acentuar mejor el zapateado al ritmo de la música.

La danza se acompaña con música tradicional purépecha; principalmente pirekuas como El Huarache, El Gustito, La Competencia, El Saludo del Amigo y El Trenecito. Los instrumentos de cuerda: guitarra, violín y contrabajo, dan el ritmo a esta danza, que nos ilustra cómo afrontar con valor el envejecimiento, reír y aceptar el paso de los años sin vacilar. La danza de los viejitos nos enseña a gozar el hecho de estar vivos a través del movimiento, la música y el baile.

Se dice que uno de los significados de esta danza es una burla hacia los colonizadores españoles y su poca gracia al bailar.

La danza está tan arraigada en la zona lacustre del estado de Michoacán que los danzantes suelen ser iniciados desde niños, en una tradición que se pasa de generación en generación.

Tal como sucede con los Voladores de Papantla, compañías de ballet folclórico han llevado esta danza a escenarios internacionales.